por Tte. Coronel David Grossman
¿Por qué están disparando los chicos a sus compañeros de clase?
¿Estamos capacitando a nuestros hijos para matar?
Soy de Jonesboro, Arkansas. Viajo alrededor del mundo entrenando a personal médico, policial y del ejército estadounidense acerca de las realidades de la guerra. Intento concientizar bien a los que portan una fuerza mortal de la magnitud del acto de matar. Hay un número importante de personal policial y militar que actúa como los "vaqueros", nunca se detienen para pensar quiénes son y para qué están entrenados. Tengo la esperanza de ayudarles a realizar un control de la realidad.
Así pues, yo un viajero mundial, experto en el campo de "matalogía" y la mayor masacre escolar en la historia de los Estados Unidos ocurre en mi propia ciudad de Jonesboro, Arkansas (El discurso original fue presentado en abril de 1998, un año antes del caso en el estado de Colorado donde murieron 15 personas incluyendo a los dos jóvenes que dispararon contra sus compañeros y profesores). Me refiero a la muerte a tiros de cuatro niñas y un profesor en el patio de un colegio primario el 24 de marzo. Fueron heridas otras diez personas, y están detenidos, acusados de homicidio, dos muchachos de 11 y 13 años de edad.
Mi hijo es alumno de uno de los colegios de la ciudad; por eso mi tía, que vive en Florida, me llamó ese día y me preguntó, "¿Eso ocurrió en el colegio de José?" Y dijimos, "No hemos escuchado nada." ¡La tía supo las noticias antes que nosotros!
Prendimos la televisión y descubrimos que los tiros ocurrieron no tan lejos de nosotros, pero no en el colegio de José. Estoy seguro que casi todos los padres en Jonesboro abrazaron a sus hijos esa noche y al meterles en la cama les decían, "¡Gracias a Dios no era vos!" Pero había también un gran sentimiento de culpa pues algunos padres en Jonesboro no podían decir eso.
Pasé los primeros tres días después de la tragedia en el Colegio Westside Middle (donde ocurrió el hecho) trabajando con los consejeros, profesores, estudiantes y con los padres. Jamás había pasado algo así a ninguno de nosotros. Yo formo a personas para reaccionar a los traumas en el ejército, pero ¿cómo se responde a los chicos después de una masacre en su colegio?
Yo era el guía principal para los consejeros y los religiosos en la noche después de los tiros. Al día siguiente hicimos participar, en grupos, al equipo docente. Luego los consejeros y religiosos, en conjunto con los profesores, hicimos participar a los estudiantes. De esa manera les permitíamos desahogarse de todo lo que había sucedido. Solamente las personas que han vivido en conjunto un trauma pueden dar al otro la comprensión, la aprobación y el perdón que son necesarios para comprender lo sucedido, para luego iniciar el largo proceso de intentar comprender el por qué del evento.
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